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PEMAD · Introducción

Qué es la empatía

La empatía conforma un constructo en el que diferentes dimensiones y componentes entran en escena, dificultando el consenso entre los estudiosos del tema y la creación de un cuerpo teórico sólido que facilite el desarrollo de pruebas psicométricas adecuadas.

Las diferentes propuestas se han basado en procesos emocionales y sentimientos subjetivos, tales como el sentimiento de felicidad como favorecedor de la empatía (Seligman, 2004), características comunes entre personas como factores facilitadores de la conducta empática (Battson et al., 1995) o procesos cognitivos facilitadores de una comprensión racional (Lawrence et al., 2004) en oposición a procesos emocionales independientes de los cognitivos (Rankin et al., 2005).

Otros autores (Fernández-Pinto et al., 2008) proponen modelos en los que se dan procesos cognitivos y emocionales de forma conjunta, clasificándolos en diferentes grupos: empatía cognitivo-afectiva de signo negativo, empatía cognitivo-emocional de signo positivo, contagio emocional y empatía cognitiva, a la vez que se incide también en las variables disposicionales, ya que, de otra forma, el modelo quedaría incompleto.

Los procesos de regulación emocional participarían en la empatía como elementos fundamentales, siendo abordados también desde un punto de vista integrador mente-cuerpo y otorgando un papel importante a la autorregulación como fenómeno crítico en la relación que se establece entre empatía y comportamiento moral, desde la conducta manifiesta hasta posiblemente, el mismo razonamiento moral (Eisenberg, 2010). Desde otros puntos de vista, es el contagio emocional la base de la empatía, que, junto con la imitación, explican fenómenos comunes entre diferentes especies (López et al., 2014), a la vez que las diferencias en la susceptibilidad al contagio emocional estarían determinadas por variables genéticas, de género, experiencias tempranas y variables relacionadas con la personalidad (Gouveia et al., 2007). Las propias respuestas relacionadas con la empatía estarían constituidas por vínculos con la autorregulación, juicio moral y el comportamiento moral.

Desde la teoría de la mente también se establecen diferencias entre atribuciones a estados mentales de base cognitiva y estados mentales con base afectiva (Maldonado y Barajas, 2018). La integración entre estados cognitivos y afectivos permitiría comprender las reacciones de las personas ante diferentes eventos, reacciones que conformarían la conducta manifiesta sobre procesos que no son directamente observables. Es importante destacar que las primeras etapas de la vida resultan de especial importancia en la génesis y aprendizaje emocional y su autorregulación (Bell y Wolfe, 2004).

La cognición y emoción deben ser comprendidas en el contexto histórico, social y cultural (Guedes Gondim y Álvaro Estramiana, 2010), superando explicaciones reduccionistas. No obstante, en su relación con la empatía, un nivel explicativo holístico no tendría por qué ser incompatible con un análisis de los componentes constitutivos de un fenómeno, puesto que, de otro modo, y dada la complejidad y multidimensionalidad del constructo, tanto su abordaje desde modelos teóricos como la aplicación práctica del conocimiento que estos puedan generar, resulta a menudo infructuoso o al menos, afectado por un alto grado de dispersión tanto desde el punto de vista teórico como práctico.

Basándose en la Teoría sobre el desarrollo cognitivo del niño, Kohlberg aborda el desarrollo moral a través de una teoría basada en la sucesión de seis estadios agrupados en tres niveles, en los que se desarrollan los valores, las razones implicadas en el desarrollo de dichos valores, y la perspectiva social así mismo asociada a ellos (Almagiá, 1987). Por su parte, Hoffman hace hincapié en el paralelismo existente entre los afectos, sentimientos, principios morales y comportamientos (Hoffman, 1992). En el desarrollo moral de la persona intervendrían de forma simultánea e interactiva procesos cognitivos, tal como Kohlberg explica en su teoría, junto con la internalización de normas y valores, que, según Hoffman, estarían asociados a respuestas afectivas.